• Alva Ramirez Villatoro

¿Te gusta lo que ves en el espejo?

El reconocimiento social es una necesidad psicológica prioritaria, sin el hecho de que los otros cuiden de nosotros para sobrevivir, simplemente no habría humanidad. Hace unos días un pequeño niño de 7 años miraba a una bebé recién nacida y con toda la ternura en su voz me preguntó ¡¿porqué la bebé es tan tierna y abrazable?!, cuando en ese momento ¡yo estaba pensando lo mismo de él!

La respuesta tiene dos niveles, en uno está la explicación evolutiva - adaptativa de los rasgos que tienen los bebés de varias especies que nacen inmaduros y que necesitan del cuidado de los otros en sus respectivas especies para sobrevivir, lo que los hace favorecedores de la pronta respuesta a sus necesidades, ¿quién no trata de abrazar, cargar o cuidar de un bebé humano?, incluso a un cachorro de otra especie.

En el otro nivel de la explicación, está la necesidad que tiene el Sistema Nervioso de ser excitado por medio de los estímulos que captan nuestros sentidos físicos, el más primario, el contacto con la mamá y/o cuidadores principales por medio de la piel. La piel como el órgano más grande en el cuerpo humano está, desde el nacimiento, habilitado para recibir el estímulo de otro ser humano que es interpretado por el cerebro con múltiples dimensiones: tacto, temperatura, presión… y sostén físico. Todo esto favorece una respuesta vinculatoria en el que participan hormonas como la oxitocina que traducen toda esta grata y primitiva experiencia en “vínculo afectivo”.

Este vínculo al principio, totalmente psicobiológico, da paso al vínculo social. Llega un momento que al no poder ser cargados y tratados como bebés, con el paso del tiempo, debemos ajustarnos a lo que es socialmente apropiado y adecuado según nuestra cultura, pero siempre necesitamos de los vínculos y contactos; así un apretón de manos, abrazos, besos y saludos rituales dependerán de la cultura y el tipo de vínculo o relación que tenemos con cada persona.

El Dr. Eric Berne (1964), denominó a esta necesidad de contacto “hambre de caricias”, y precisamente, hacía referencia a las caricias físicas de las que dependemos en nuestra primera infancia para sobrevivir pero que después se traducen en caricias de tipo social – convencional; así un simple ¡hola!, puede ser una caricia o también llamado “reconocimiento social”.

El reconocimiento social por lo tanto, es el acto con el cual manifestamos a ese “otro”, nuestra respuesta ante su existencia, “sé que estás, que eres y que compartimos este espacio”; pero este reconocimiento, desafortunadamente no siempre es grato. El contacto con los demás y el reconocimiento social pueden ser poco gratos, insatisfactorios, incluso, dolorosos, tal es el caso del maltrato, la violencia y la indiferencia.

Los vínculos sociales que nos proporcionan contacto y reconocimiento son indispensables en el desarrollo pero además, definen la forma en que aprendemos a tratar a los demás y tratarnos a nosotros mismos, ¿somos negligentes o indiferentes? ¿atentos y solícitos? ¿agresivos o cariñosos?

¿Tratamos a los demás como a nosotros mismos? Probablemente, te hayas percatado que algunos tratan mejor a los demás que a sí mismos, o al revés. Peor aún, cuando hay maltrato en ambas direcciones, es decir, yo estoy mal y todo lo demás también.

El reconocimiento es un ingrediente básico de la autoestima (Ramírez, 2011)* y para desarrollar la salud física y mental, pero no cualquier tipo de reconocimiento es adecuado.

¿Qué te dices a ti mismo frente al espejo?, se refiere al contacto y reconocimiento que haces de ti mismo no sólo respecto a tu imagen física, sino a lo que piensas y dices sobre ti.

El contacto grato y saludable hacia ti mismo, comienza desde que te levantas y te diriges una mirada de motivación o gratitud por estar vivo, “por estar aquí”; desde el cuidado de tu higiene, descanso y otras necesidades fisiológicas y psicológicas.

¡Habla bien de ti!, sé tu mejor amigo reconociéndote positivamente; se aquella madre o padre que necesitas para cuidar de ti y llevarte a donde quieras llegar con el mejor reconocimiento que alguien te pueda dar.


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